Hasta el sábado no había visto ni un solo partido de la Argentina de Maradona. Estaba convencido de que si Messi no rendía al mismo nivel que en el Barça no era por su culpa, sino por el sistema de juego de la selección albiceleste. El sábado, ante España, lo confirmé; Messi no puede jugar con su selección como con el Barça porque los dos equipos juegan a deportes diferentes, aunque ambos se llamen fútbol.El Barça apuesta por el toque, la combinación, las ayudas constantes, la posesión larga de pelota, la paciencia y el desborde, más o menos como la selección española. Messi es un jugador eléctrico, pero encuentra las rendijas para desplegar su magia dentro del agotamineto que los Xavi, Iniesta, Touré, Alves generan en el rival. Leo es capaz de cambiar el ritmo en décimas de segundo, generando incapacidad en su marcador para aguantarle. La Pulga, además, se crio futbolísticamente en La Masía, por lo que ha acuñado como propio el estilo de juego. Sus condiciones físicas y técnicas se han adaptado al ecosistema en el que habita con mayor asiduidad.
Por contra, Argentina, debido a la ausencia de un técnico con las ideas claras y por el propio carácter de sus jugadores, apuesta por el contragolpe, el posicionamiento sobre el campo, el bajo porcentaje de posesión y las transiciones rápidas defensa-ataque. Los centrocampistas son más bien defensores (Mascherano, Gago), cuya función es robar y enviar en largo a los delanteros, nada de circular o conducir. Messi tiene capacidad de desborde y es rápido, pero es incapaz de crear peligro con sus condiciones cuando necesita bajar hasta el centro del campo para recoger un balón. Desde ahí puede enviar un buen pase a los puntas o iniciar una jugada personal. No es determinante en el juego porque sus pases van encaminados a buenos jugadores, paro rodeados, como el sábado, de tres rivales. Si hace jugada individual, puede repetir el gol que metió ante el Getafe, pero este te sale una vez en la vida, dos, a lo sumo tres, no en cada partido. En la actual selección argentina jugadores como Higuaín o Di María tienen mucho más 'chance'. Los jugadores del Real Madrid y el Benfica sorprenden en el desorden. Messi sorprendente en el orden.
A pesar de ello, a pesar de las críticas, de que en su cara se nota que no se siente a gusto sobre el campo, Leo seguirá jugando con Argentina porque ama a su país, quiere ser grande también con su selección. Y aunque Maradona, quizás por celos, quizás para desviar la atención sobre su incapacidad, diga de él que debe despegar (como si no hubiera mostrado con sobras ser el mejor jugador del mundo), le sitúa sieempre en el once titular y le mantiene hasta el final, cuando le sustituye (si le sustituye) para perder tiempo. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque, a pesar de todo, sabe que le puede cambiar un partido y que sigue siendo quein más miedo genera en los rivales.
Maradona abraza a Messi tras su sustitución en el Vicente Calderón (Foto, Reuters, publicada en elpais.com)