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lunes, 27 de julio de 2009

Adiós al Barça de París

Con la marcha de Samuel Eto'o se dice casi de manera definitiva adiós al glorioso Barça de Rijkaard. El equipo que logró el doblete en mayo del 2006 con el técnico holandés es ya parte de la historia y tan solo la presencia de Márquez recuerda a aquel bloque que, si hubiera querido, podría haber seguido consechando éxitos. Con Eto'o se cierra una de la más importante páginas de la historia azulgrana.

Con Joan Laporta de presidente el Barça tan solo ha tenido dos entrenadores y todo el mundo coincide en señalar que el equipo ha seguido una línea marcada gracias a su estilo. Sin embargo, la plantilla ha sufrido dos grandes revoluciones. La primera de ellas llegó con el cambio de mandatario y la segunda con la entrada de Pep Guardiola. Pero no quedan apenas rastos de lo anterior.

Cuando Rijkaard se hizo cargo del equipo entraron al club jugadores que hicieron historia, como Ronaldinho, Márquez, Van Brockhorst y Larsson y doce meses después, Eto'o, Deco, Giuly y Belletti.

Echemos la vista atrás y miremos el once que venció en la final de Saint Dennis: Valdés; Oleguer (Belletti), Márquez, Puyol, Gio; Edmilson (Iniesta), Deco, Van Bommel (Larsson); Giuly, Ronaldinho y Eto'o. Tan solo el portero, los centrales e Iniesta siguen. Pero tampoco están Sylvinho, Motta, Gabri, Ezquerro ni Maxi López. En tres años 15 integrantes de la plantilla se han marchado, continuando los referentes de la cantera (Valdés, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi), Márquez y el que no se va ni con agua hirviendo, Jorquera.

Samuel seguía representando el pasado en un bloque en crecimiento y que había hecho de la igualdad y el trabajo en equipo la clave del éxito. Sin duda el camerunés trabajaba dentro del terreno de juego para el equipo, pero su actitud y personalidad chocaba de frente con la idea futbolística y sociológica de Guardiola; Pep quiere un bloque unido y Eto'o apenas tiene amigos, Pep quiere que el colectivo prime sobre los individual y Eto'o se ciega pensando en el 'Pichichi' y pide no jugar en La Coruña para ir con su selección.

Guardiola se propuso enterrar aquello que llevó a la 'autocomplacencia' al Barça de París y una vez recuperado Márquez, Eto'o, aunque seguía teniendo hambre y se entregaba al máximo en entrenamientos y partidos, representaba lo peor del Barça de Rijkaard.

Belletti celebra el gol de la victoria en la Champions del 2006 (Foto, indirecte.cat)

lunes, 30 de marzo de 2009

La segunda (o tercera) juventud de Sylvinho


En las plantillas, y más en las que pretenden ser campeonas, siempre debe haber algún futbolista del estilo a Sylvinho. Jugadores que nunca entran en las quinielas para formar en el once ideal pero que asumen su rol y dan la cara en todo momento. Futbolistas llegados para ser un recurso pero que nunca son un problema, sino una solución. Profesionales que no siempre son recordados como me merecen pero que permiten a un buen número de jugadores ser un equipo.

Silvio Mendes llegó a Barcelona en el verano de 2004. Había descendido a Segunda División con el Celta y Txiki vio en el brasileño una buena solución para el lateral zurdo. Al igual que Giovanni van Bronckhorst, con el que compartió posición durante tres temporadas, había abandonado en su día el Arsenal ante el ostracismo al que Ashley Cole le había relegado. Su precio (1'5 millones de euros, apenas 250 millones de pesetas) invitaban a probar fortuna. Y Sylvinho no defraudó.

Frank Rijkaard siempre tuvo claro que su titular era Gio, pero al igual que sucedió en otras posiciones sobre el terreno de juego, recurrió durante sus años dorados a las rotaciones para mantener frescas las piernas ante el reto de ganar Liga y Champions. Por ello, en todo momento Sylvinho se sintió importante dentro del equipo, jugando casi la totalidad de la Copa del Rey y más de diez partidos por temporada de Liga. Y, sobre todo, dentro del vestuario. Su personalidad responsable y su profesionalidad le llevaron a ser un auténtico 'padre', un gran consejero para los más jóvenes y las estrellas. Si el Barça de Rijkaard comenzó a desmoronarse fue en parte porque gente como Ronaldinho dejó de mirarse en el espejo de ese veterano lateral brasileño que nunca levantaba la voz.

Siempre fue, como ya se ha dicho, la 'rotación' de Van Bronckhorst. Muchos otros hubieran dicho en rueda de prensa aquello de "quiero jugar más", pero Sylvinho no. Sylvinho conocía su cometido y como tal, entrenaba a tope siempre para estar a punto, era un ejemplo para sus compañeros y demostraba sobre el césped que se podía contar con él. Su técnico sabía que no iba a defraudarle. Su participación, por ejemplo, en la Champions ganada por el Barça se limitó a 21 minutos en Stanford Bridge por lesión de Gio. ¿Alguien le oyó quejarse? Nadie. Y, pese a ello, celebró como el que más el título, eso sí, después de consolar uno por uno a sus ex-compañeros del Arsenal.

Pero si en el vestuario era un ejemplo, también lo era en las ruedas de prensa, en sus declaraciones. Recuerdo siempre una ocasión en la que Raúl Bravo afirmó que siempre quería que perdiera el Barça. Cuestionado al respecto, y donde los más brucos hubieran dicho "yo siempre quiero que pierda el Madrid" y los más diplomáticos "no opino de lo que dicen desde otros equipos", Sylvinho afirmó "yo siempre quiero que gane el Barça". La mejor manera de aunar en una sola frase el "me da igual lo que digan desde otros equipos" y el "yo me centro únicamente en mi equipo". Cuando las cosas no han ido bien, siempre ha dado la cara, aunque los responsables fueran otros.

Ha sido y es, por tanto, un ejemplo en los entrenamientos, en la rueda de prensa, en el césped y en el vestuario. Por todo ello, con 35 años sigue en el Barça pese a que renueva anualmente desde hace ya tres temporadas. Por eso y porque sigue en buena forma. No está para ser titular toda la temporada (los años pesan) pero sigue siendo un valor seguro en caso de necesidad, como ha sido ahora la ausencia por lesión de Abidal. Aunque no sea un gran defensor, cumple. Gran parte del actual éxito (que esperemos se traduzca en títulos) lleva por apellido Mendes.

Sylvinho, durante un partido de Liga de Campeones (Foto, EFE)