No sería bueno pensar que no pasa nada, pero tampoco encender las alarmas. El Barça cayó anoche ante el Rubin Kazan, prácticamente se ha obligado a vencer dentro de dos semanas en Rusia y encandena una serie de encuentros desafortunados. Pero también es cierto que el de ayer fue el mejor partido de los últimos cuatro y que la suerte no sonrió al equipo.El encuentro se torció desde el inicio. Como declaró posteriormente Xavi, era de esos días en los que todo sale mal. A los 30 segundos Iniesta penetró en el área y cayó. No fue penalti, pero si la suerte hubiera estado de lado el defensor no hubiera tocado el balón o incluso Andrés hubiera podido conectar. Solo unos segundos después un mal despeje de Márquez (que fue el mayor 'culpable' de ambos tantos) llegó a pies de Ryazantsev, que lanzó un misil que sorprendió a Valdés y a todo el Camp Nou. Las cosas comenzaban cuesta arriba, algo a lo que no está acostumbrado en los últimos tiempos el equipo de Guardiola.
No hizo una buena primera parte el Barça, que se vio ahogado por el espectacular despliegue físico (sin necesidad de dar patadas) del equipo ruso, pero aún así solo la falta de suerte explica que el chutazo de Alves se saliera por dos centímetros o que la misma distancia evitara que Messi conectara un gran centro de Ibrahimovic. En el descanso el resultado era 0-1, algo injusto para el Barça.
La segunda mitad comenzó mejor. A los dos minutos Xavi conectó con Zlatan y este, tras un control con el pecho, conectó un espectacular derechazo que supuso el 1-1. Quedaban 43 minutos por delante, tiempo de sobra para certificar la remontada. Poco a poco la posesión se hizo insultante, pero el Rubin Kazan mantuvo su dibujo. El Barça, lejos de su mejor estado de forma, tuvo tres buenas ocasiones para adelantarse en el marcador. Un zapatazo de Ibrahimovic en lanzamiento directo y lejano de falta alió lamiendo el poste de Ryzhikov, que ni había olido el balón; una gran triangulación acabó en un disparo potente pero centrado de Pedro y la zaga salvó un pase entre líneas de Messi a Bojan que olía a 2-1. Pero no era el día del Barça.
Justo cuando más achuchaba el equipo de Guardiola y más renunciaba el campeón ruso a la victoria Bojan perdió el balón, Touré no pudo recuperar y Domínguez habilitó a Karadeniz, que superó a Valdés con un gran disparo. La jugada fue una sucesión de despropósitos; Bojan entregó mal, Touré no llegó al corte por poco y Márquez dudó, lo que permitió el contragolpe: debió decidir entre atacar a quien circulaba el balón (dejando en fuera de juego con el goleador) o emparejarse a este, para no permitirle chutar cómodo, pero dudó y reculó con tanta instencia que fue el tercer hombre en el contragolpe.
El gol fue un mazazo, pero aún así, el Barça volvió a rozar el gol. Primero Ibrahimovic (quizás el mejor ayer, metió un gol, dio un larguero, tuvo otra gran ocasión y dio una asistencia de oro) estrelló un chutazo en el travesaño y en el descueno el poste repelió un cabezazo de Touré. la suerte no estaba con el Barcelona ayer y la lesión de Dani Alves lo confirma.
Pero la parte positiva es que el equipo, ante el posiblemente equipo mejor platando que se ha enfrentado de momento el Barça este año, tuvo cinco grandes ocasiones, solo concedió dos ocasiones de gol (lamentablemente acabaron dentro) y, pese al mazazo, tuvo el arrojo suficiente en los minutos finales. Si a esto unimos que Messi y Xavi atraviesan un momento complicado, la integración de Ibrahimovic, aunque rápida, no es total, Iniesta recupera su mejor tono y faltaba Henry; es claro que las opciones de error en Champions se han limitado enormemente, pero hay razones para la esperanza.
Iniesta e Ibrahimovic se lamentan (Foto, AP, publicada en elpais.com)




